Mort Garson · Mother Earthʼs Plantasia Green LP w/ Standard Jacket

$72,000.00

Plantasia es uno de los discos más tiernos y extraños que ha dado la música electrónica. Grabado por Mort Garson en 1976 y originalmente distribuido junto a plantas de interior en una tienda de Los Ángeles, fue compuesto enteramente en sintetizador Moog y dedicado —con total seriedad— a las plantas y a quienes las cuidan. Durante décadas existió como rareza de culto casi inencontrable; su reedición oficial en 2019 lo devolvió al mundo y el mundo lo recibió como si siempre hubiera sabido que lo necesitaba. Cálido, inocente, hipnótico: música para hacer crecer cosas.
ColorVerde
TipoDiscos
Cantidad1 LP
GéneroAmbient, Experimental

Disponible para reserva

Size and packaging guidelines

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Specification Chair Armchair Sofas
Height 37" 42" 42"
Width 26.5" 32.5" 142"
Depth 19.5" 22.5" 24.5"
Assembly Required No No Yes
Packaging Type Box Box Box
Package Weight 55 lbs. 64 lbs. 180 lbs.
Packaging Dimensions 27" x 26" x 39" 45" x 35" x 24" 46" x 142" x 25"
SKU: TPCS-RECORDS-MORT-GARSON-PLANTASIA-GREEN-LP-STANDARD-JACKET Categoría:
Descripción

Sobre Mother Earth's Plantasia

Hay objetos culturales que solo pueden existir en los márgenes, lejos de toda lógica comercial, protegidos por su propia rareza como si la invisibilidad fuera una forma de conservación. Plantasia —título completo Mother Earth’s Plantasia (Warm Earth Music for Plants… and the People Who Love Them)— es uno de esos objetos. Grabado por Mort Garson en 1976 y distribuido de maneras tan caprichosas que durante décadas nadie pudo estar del todo seguro de haberlo tenido en sus manos, el disco pasó casi cuarenta años siendo una leyenda susurrada entre coleccionistas antes de que el mundo, finalmente, se pusiera a la altura de su rareza.

Mort Garson no era un outsider ni un excéntrico de garaje. Era un compositor y arreglador profesional de Montreal que había trabajado con Doris Day, había coescrito el hit “Our Day Will Come” de Ruby & the Romantics, y había arreglado discos para una lista de artistas del mainstream norteamericano de los sesenta. Pero a finales de esa década algo cambió: Garson descubrió el sintetizador Moog, y el encuentro fue, para él, una especie de vocación tardía. A lo largo de los setenta grabó una serie de álbumes instrumentales en Moog de una extravagancia temática difícil de igualar: uno dedicado al zodíaco, otro a la brujería, otro a la astrología, otro al mundo de los espíritus. Plantasia llegó como culminación natural de esa serie de experimentos, y también como la más personal y, con el tiempo, la más amada.

La historia de su distribución es casi tan fascinante como la música misma. Plantasia no fue publicado a través de los canales habituales de la industria discográfica. Garson lo grabó bajo su propio sello, Homewood Records, y el álbum fue entregado gratuitamente —o vendido a precio simbólico— a los clientes de dos establecimientos de Los Ángeles: la tienda de plantas Mammoth Gardens y la cadena de colchones Simmons. La lógica era completamente literal: el disco estaba hecho para plantas, y quienes compraban plantas —o colchones, en una conexión cuya coherencia interna resulta más esquiva— eran los destinatarios naturales. No había ambición de distribución masiva, no había estrategia de marketing, no había críticas en la prensa especializada. Plantasia nació en una bolsa de papel junto a una suculenta, y durante décadas vivió allí, en ese limbo doméstico y vegetal.

Musicalmente, el disco es una maravilla de contención y calidez. Garson construyó los ocho cortes del álbum enteramente con sintetizador Moog, pero lejos del virtuosismo frío y demostrativo que caracterizaba muchos usos contemporáneos del instrumento, eligió un lenguaje melódico sencillo, casi infantil, bañado en texturas que hoy sonarían igualmente cómodas en un disco de ambient contemporáneo o en la banda sonora de un videojuego japonés de los noventa. Los títulos de los temas son un programa en sí mismos: “Ode to an Orange Tree Which Stands at the Corner of Valley Road and Floral Avenue”, “Symphony for a Spider Plant”, “Baby’s Tears Blues”, “Concerto for Philodendron & Pothos”. Hay en ellos una mezcla de humor gentil y afecto genuino que define el tono del disco entero: Garson no está siendo irónico, no está construyendo una broma elaborada. Está, con toda la seriedad del mundo, intentando hacer música que haga bien a las plantas.

Esa literalidad es parte de su encanto, pero también algo más: hay en Plantasia una filosofía implícita sobre la escucha y la función de la música que resulta, vista desde hoy, sorprendentemente contemporánea. La idea de que la música puede tener efectos físicos sobre los organismos vivos, de que el sonido es una forma de cuidado, de que escuchar puede ser un acto de atención hacia el mundo no humano —todo eso resuena con décadas de investigación posterior sobre bioacústica vegetal y con corrientes del pensamiento ecológico que Garson desde luego no conocía pero que su disco anticipa con una ingenuidad que es también una forma de sabiduría. Plantasia es, entre otras cosas, uno de los primeros discos verdaderamente poscéntricos del ser humano en la historia de la música grabada.

Durante los setenta, los ochenta y buena parte de los noventa, el álbum existió como mito más que como objeto. Las copias originales circulaban en mercados de pulgas y ferias de coleccionistas, identificadas por iniciados que las pasaban de mano en mano con la reverencia discreta de quien comparte un secreto. La ausencia de distribución formal significaba que no había forma de saber cuántas copias existían, ni en qué estado, ni en manos de quién. Internet cambió eso gradualmente: los primeros foros de música experimental y los blogs de música de culto de los años dos mil empezaron a circular rips del vinilo, y una nueva generación descubrió el disco sin haberlo podido comprar nunca en una tienda. Fue esa comunidad difusa de oyentes digitales la que construyó el culto moderno de Plantasia, mucho antes de que ningún sello pensara en reeditarlo.

La reedición llegó en 2019, publicada por Sacred Bones Records, y fue recibida con una intensidad que sorprendió a la propia industria. No era nostalgia —la mayoría de quienes celebraron el relanzamiento eran demasiado jóvenes para haber conocido el disco original— sino algo más parecido al reconocimiento: la sensación de que ese disco extraño y tierno había estado esperando todo ese tiempo a que el mundo estuviera listo para entenderlo. En una época de ansiedad ambiental, de reivindicación de lo doméstico y lo verde, de renewed interés por el ambient y las músicas de cuidado, Plantasia llegó como un objeto perfecto para el momento. Las plantas de interior estaban viviendo su propio renacimiento cultural —Instagram había convertido a los millennials en jardineros urbanos—, y de pronto había un disco que llevaba cuarenta años esperando ese exacto nicho de sensibilidad.

Mort Garson murió en 2008, once años antes de que su obra más personal encontrara finalmente su audiencia masiva. No llegó a ver las reseñas entusiastas, las listas de los mejores discos del año, los miles de comentarios en foros y redes donde oyentes de todo el mundo describían el efecto casi medicinal del disco, su capacidad para calmar, para anclar, para hacer sentir que el mundo es un lugar hospitalario. No llegó a ver las plantas fotografiadas junto a sus portadas en Instagram, ni las playlists bautizadas en su honor, ni los productores de ambient y de música electrónica que lo citaban como influencia fundacional. Pero dejó la música, y la música hizo exactamente lo que él había pedido: crecer despacio, en silencio, hacia la luz.

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Sobre la marca
Fundado en Brooklyn en 2007 por Caleb Braaten, Sacred Bones Records es el sello que demostró que el underground más oscuro podía tener una identidad visual y curatorial de una coherencia obsesiva. Post-punk, goth, noise, darkwave, bandas sonoras de horror, ambient: todo cabe en su catálogo siempre que venga envuelto en cierta negrura elegante. Su roster incluye a Zola Jesus, Molchat Doma, Pharmakon, John Carpenter, David Lynch y The Soft Moon Discogs, entre muchos otros — una familia extraña y hermosa que comparte menos un género que una actitud. Un sello que se toma el vinilo en serio, el arte de tapa en serio, y la oscuridad completamente en serio.
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