Trent Reznor & Atticus Ros · Queer (Original Score)

$99,000.00

La partitura que Trent Reznor y Atticus Ross compusieron para Queer —la primera adaptación cinematográfica de la novela de William S. Burroughs dirigida por Luca Guadagnino— es exactamente lo que se esperaría de ese encuentro y algo más. Los arreglos orquestales de cuento de hadas que abren el disco derivan sin aviso hacia el ambient oscuro más abrasivo: la ternura del tema “Pure Love” —maderas suaves, casi infantil en su delicadeza— convive con el EBM de motor en ralentí de “Place of Failure” y con “Vaster Than Empires”, que teje vocales lavadas en autotune entre oleadas de sintetizador y cuerdas con la misma lógica de yuxtaposición que Burroughs aplicaba al lenguaje. El artwork referencia directamente la técnica del cut-up que definió la escritura del autor, incorporando fotografías del set, imágenes de Daniel Craig y Drew Starkey, y una reproducción de la última entrada manuscrita del diario de Burroughs. Prensado en vinilo cobalto translúcido de 180 gramos. Un disco que suena tan raro y tan necesario como el libro que lo inspiró.
ColorAzul
TipoDiscos
Cantidad2 LPs Gatefold
GéneroSoundtrack

Disponible para reserva

Size and packaging guidelines

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Specification Chair Armchair Sofas
Height 37" 42" 42"
Width 26.5" 32.5" 142"
Depth 19.5" 22.5" 24.5"
Assembly Required No No Yes
Packaging Type Box Box Box
Package Weight 55 lbs. 64 lbs. 180 lbs.
Packaging Dimensions 27" x 26" x 39" 45" x 35" x 24" 46" x 142" x 25"
SKU: TPCS-RECORDS-TRENT-REZNOR-ATTICUS-ROSS-QUEER-OST Categoría:
Descripción

Sobre Queer

Hay colaboraciones que producen resultados predecibles —dos nombres conocidos, un proyecto que suma las expectativas de ambos sin superarlas— y hay colaboraciones que generan algo que ninguno de los participantes podría haber conseguido por separado, que revelan en cada uno una dimensión que el contexto habitual de su trabajo no permitía ver. La colaboración entre Trent Reznor y Atticus Ross pertenece a esta segunda categoría desde su inicio, y su trabajo para Queer —la adaptación cinematográfica de la novela de William S. Burroughs dirigida por Luca Guadagnino, estrenada en 2024— es quizás su expresión más arriesgada y más lograda hasta la fecha.

Reznor y Ross llevan más de una década construyendo uno de los cuerpos de trabajo más consistentes e influyentes de la música de cine contemporánea. Su colaboración con David Fincher —The Social Network en 2010, The Girl with the Dragon Tattoo en 2011, Gone Girl en 2014— estableció un lenguaje de score que combinaba la precisión electrónica de Nine Inch Nails con una comprensión sofisticada de cómo la música puede operar sobre la imagen sin ilustrarla, creando atmósferas que amplifican la tensión emocional de la escena sin declararse como el mecanismo que lo hace. Sus colaboraciones posteriores —Watchmen para HBO, Mank, Soul de Pixar, Women Talking— demostraron que ese lenguaje era adaptable a contextos completamente distintos sin perder coherencia: podían hacer jazz luminoso y electrónica oscura y música orquestal dramática con la misma fluidez porque lo que los define no es un sonido específico sino una filosofía específica sobre la relación entre el sonido y la imagen.

Burroughs es un territorio diferente, y saber eso importa para entender lo que Reznor y Ross hicieron con él. Queer —escrita en los años cincuenta pero publicada en 1985— es una obra de una vulnerabilidad y una desnudez emocional que sorprende a quien llega a ella desde la reputación de transgresión y provocación que rodea al autor de Naked Lunch. Es una novela sobre el deseo no correspondido, sobre la humillación de querer a alguien que no te quiere, sobre el aislamiento del expatriado americano en Ciudad de México buscando conexión en los lugares donde la conexión más cuesta. Hay en ella una ternura que Burroughs raramente se permitía en público, y esa ternura es también el corazón de la película de Guadagnino —cineasta que ha demostrado con obras como Call Me by Your Name y Bones and All que nadie en el cine contemporáneo maneja el deseo y la pérdida con mayor gracia visual— y de la partitura que Reznor y Ross construyeron para ella.

La arquitectura del score refleja esa tensión central entre la ternura y la oscuridad con una precisión que es también una interpretación de la novela. El disco arranca con “Vaster Than Empires” —el tema de los créditos finales pero elegido como apertura del álbum, inversión que convierte la escucha del disco en una experiencia diferente a la de ver la película— donde vocales procesadas en autotune se mueven entre oleadas de sintetizador y cuerdas en una textura que es simultáneamente etérea y densa, bella y perturbadora, exactamente en el umbral entre el comfort y la incomodidad que define la experiencia emocional de la obra de Burroughs. No es una apertura fácil ni una declaración de intenciones convencional: es una inmersión inmediata en la temperatura específica del mundo que Reznor y Ross construyeron para esta película.

“Pure Love” —el tema central, el que más directamente corresponde a la vulnerabilidad emocional de William Lee, el protagonista— es uno de los momentos más inesperados de la carrera de Reznor y Ross como compositores de cine. Los arreglos de maderas suaves, casi infantiles en su delicadeza, construyen una melodía que tiene la fragilidad de algo que podría romperse con demasiada atención. Es un tema que no suena a ninguna otra cosa en el catálogo de los dos compositores, y esa diferencia no es gratuita: Guadagnino necesitaba que la música hiciera audible el interior de un personaje que Burroughs construyó con una economía de exposición emocional que en la página funciona perfectamente y que en la pantalla requería una traducción sonora de igual precisión. “Pure Love” es esa traducción: la vulnerabilidad de Lee externalizada en maderas que suenan como si fueran a detenerse en cualquier momento.

La contrapartida oscura llega con “Place of Failure”, y el contraste entre los dos temas es tan pronunciado que su coexistencia en el mismo disco sería desconcertante si no fuera tan coherente con la lógica emocional de la obra que ilustran. El EBM de motor en ralentí —esa combinación de bajo electrónico pesado, ritmos industriales y síntesis abrasiva que define el género nacido en la Bélgica de los ochenta con grupos como Front 242 y Nitzer Ebb— irrumpe con una fuerza física que convierte la escucha en una experiencia corporal. No es el EBM como referencia histórica ni como homenaje estilístico: es el EBM como lenguaje emocional, como la forma que adopta la desesperación cuando se ha agotado la posibilidad de la ternura. Que los dos temas existan en el mismo disco, separados por apenas unos minutos de escucha, es también una declaración sobre la naturaleza del deseo tal como Burroughs lo entendía: la oscilación entre la apertura más total y el cierre más absoluto, sin estados intermedios estables.

La decisión de estructurar el artwork del disco como una referencia directa a la técnica del cut-up que Burroughs desarrolló con Brion Gysin —el método de cortar y reordenar fragmentos de texto para crear nuevas combinaciones de sentido— es una de las elecciones de diseño más inteligentes en un catálogo de Reznor y Ross que siempre ha tratado el packaging con seriedad. El collage que resulta de yuxtaponer fotografías del set, imágenes de Daniel Craig y Drew Starkey —los protagonistas de la película— y una reproducción de la última entrada manuscrita del diario de Burroughs no es una ilustración de la técnica del cut-up sino su aplicación al diseño gráfico: un objeto visual que funciona con la misma lógica de yuxtaposición y recontextualización que definió el método literario del autor. El vinilo cobalto translúcido de 180 gramos en que está prensada la edición física añade una dimensión material a esa coherencia estética: el objeto en la mano tiene el peso y la presencia que merece la música que contiene.

La tracklist completa —quince temas en dos lados, desde “Vaster Than Empires” hasta “LOVE.” con su tipografía en mayúsculas y su punto final que suena como una conclusión y como una pregunta al mismo tiempo— construye una narrativa sonora que no sigue el arco dramático de la película de manera lineal sino que organiza sus propios estados emocionales con la lógica de un disco que quiere ser escuchado completo, de principio a fin, como una experiencia continua. Los títulos —”God Had to Create”, “Thinking is Not Enough”, “No Holy Grail”, “No Final Satori”, “No Final Solution”, “Just Conflict”— tienen la cadencia de aforismos burroughsianos, esa mezcla de nihilismo y humor negro y búsqueda espiritual que define el universo del autor, y su secuencia en el disco construye un argumento filosófico que la música articula de maneras que las palabras solas no podrían.

Reznor y Ross han declarado en entrevistas que el trabajo con Guadagnino les da una libertad que pocos directores ofrecen: la confianza de quien sabe que la música que recibirá puede ser más extraña y más personal que lo que el mercado del cine convencional toleraría, y que esa extrañeza es exactamente lo que la película necesita. Queer es el resultado más claro de esa libertad: una partitura que no suena a ninguna otra banda sonora contemporánea, que no tiene precedente obvio en el propio catálogo de sus autores, y que en su voluntad de moverse entre la ternura más expuesta y la oscuridad más física sin pedir permiso ni ofrecer explicaciones captura algo esencial de la obra que la generó. Burroughs habría aprobado el disco. Probablemente no lo habría dicho en voz alta, pero lo habría aprobado.

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Sobre la marca
Fundado en Brooklyn en 2007 por Caleb Braaten, Sacred Bones Records es el sello que demostró que el underground más oscuro podía tener una identidad visual y curatorial de una coherencia obsesiva. Post-punk, goth, noise, darkwave, bandas sonoras de horror, ambient: todo cabe en su catálogo siempre que venga envuelto en cierta negrura elegante. Su roster incluye a Zola Jesus, Molchat Doma, Pharmakon, John Carpenter, David Lynch y The Soft Moon Discogs, entre muchos otros — una familia extraña y hermosa que comparte menos un género que una actitud. Un sello que se toma el vinilo en serio, el arte de tapa en serio, y la oscuridad completamente en serio.
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